martes, 24 de enero de 2017

EL REY SALOMON Y UN PADRE,

EL REY SALOMÓN Y UN PADRE
El Rey Salomón solía vestirse como un hombre común, ir a pasear, mirar y escuchar a los hombres y conversar con ellos.
Una vez se acercó a una casa de donde salía música y canto. Quiso saber, qué estaba pasando. Entró, le ofrecieron vino y dulces, porque justamente se estaba celebrando el Brit Milá del hijo del dueño de la casa.
Pasaron unos 20 ó 25 años. El Rey salió a pasear y decidió entrar, una vez más, a la misma casa. Dijo que quería saber que pasó con el hijo nacido un poco antes de su visita anterior. El padre contó que el hijito ahora es un jovencito, bien crecido, que viste la camisa y zapatos de su papá y trabaja junto con los otros miembros de la familia.
Pasaron otros 20 ó 25 años. El Rey visitó la casa de nuevo y vio al padre del jovencito llorando.
"¿Qué pasó? ¿Por qué estás llorando? ¿Dónde está el joven?"
"Ay", - dijo el hombre, - "Primero, he tenido mucha alegría. Luego, nos hicimos amigos y socios en el trabajo. Ahora, se adueñó de mi casa y de mi tierra. Ya no me necesita, por lo menos así lo cree; me ha marginado de todo. No pide, ni acepta mi opinión o mis consejos. Eso me duele mucho."

Tal vez fue este acontecimiento lo que inspiró al Rey Salomón al escribir los Proverbios: - "No desprecies los consejos de tu padre, aunque tú también tengas hijos."

LA MUERTE DEL RELOJ,


LA MUERTE DEL RELOJ

En una pequeña aldea de Lituania, vivía un hombre muy ambicioso y muy avaro. Se llamaba Reb Mendl, quien jamás le hacía un favor a nadie.

Un día su vecino, luego de muchos intentos, logró convencerlo para que le prestase un candelabro de plata. Es que tenía un invitado para la víspera del Shabat y quería halagarlo. Al final, pero de muy mala manera, Reb Mendl accedió.

Al concluir el Shabat, el vecino llevó el candelabro a la casa de su dueño, pero: ¡Gran sorpresa! Este tenía amarrado un pequeño candelabro.

"¿Qué es eso?" - preguntó asombrado Reb Mendl.

"Al candelabro le nació su primogénito, y como es tuyo el candelabro, es muy justo que te lo entregue con el pequeño" ­contestó el vecino.

Reb Mendl, sin pensar si un candelabro podía dar nacimiento a otro, sqlo agradeció la honestidad del vecino, aceptando el pequeño candelabro.

Pasó una semana, y el vecino fue a la casa de Reb Mendl a pedirle prestada una copa de plata. En esta ocasión Reb Mendl con gusto se la prestó.

Al pasar el sábado, el vecino trajo la copa con una más pequeña, amarrada a ésta.

"Es el hijito que le nació" - le dijo el vecino.

"¡Mazal Tov!" - exclamó Reb Mendl, y aceptó la copa con una gran sonrisa y muchos agradecimientos. "¿En qué más le puedo ayudar?" - le dijo amablemente a su vecino.

"Nada para la casa, sino para mí. Tengo cita con el alcalde a una hora muy exacta y me sería de mucha ut1l1dad un reloj" - contestó el vecino.

Reb Mendl se quitó su reloj de oro con su cadena y se lo entregó a su vecino. Este, muy agradecido, se fue.

Pasaron algunos días. y no había señas del vecino. Reb Mendl muy preocupado. se dirigió a su casa.

"Vengo por mi reloj" - dijo Reb Mendl.

"Lo siento mucho, pero su pobre reloj ha muerto" - le dijo el vecino.

"¿Cómo es eso de que ha muerto? Es imposible que un objeto sin vida fallezca." - gritó lleno de rabia Reb Mendl.

"No tiene por qué enojarse. Si un candelabro puede tener hijitos, y una copa dar a luz copitas, no hay por qué asombrarse si un reloj con cadena muere. ¿No cree usted?"

sábado, 21 de enero de 2017

UNA CULTURA QUE SE PERDIÓ EN ISLA GRANDE

3 h ·
UNA CULTURA QUE SE PERDIÓ EN ISLA GRANDE :
La mano vuelta :
Recuerdo que en la década de los 40 y 50 en la Isla, eran muy pocos los que pagaban un jornal de trabajo, quizás por impedimento de edad o salud , en la época era de $ 3 diario, cuando era el caso para preparar tierra para el cultivo o limpiar yuca, plátano u otro rubro, el interezado invitaba a los amigos para que le ganaran una mano vuelta , se reunían 6 u 8 y hasta diez en un solo lugar para trabajar , generalmente buscaban a los mejores macheteros y muy buenos, podría nombrar algunos , pero no sería justo solo dar a conocer a unos pocos, sin incluir a los otros que no recuerdo , lo cierto es que eran 8 horas de trabajo.
LLegado el día puntualmente estaban en el sitio de encuentro, desayunaban en una mesa cubierta con hoja de plátano, en el centro ponían la yuca, plátano amarillo , ñame o batata , con carne de res , cerdo o pescado , no faltaba el suero en la suculenta viuda.
Algunos acostumbraban animar con gritos de monte o zafra , ¡ hayyyyyy para monte maluco hombre maluco ! ¡ Palomita volantonaaaaa quiero ser tu compañeroooo, hayyyy !,le gritaban al que se rezagaba y a veces decían versos , he aquí algunos :,
" Cuando yo estaba chiquitoooo -me alimentaban en brazos,
ahora que estoy grandecito, .me dan puro cocotazos,
Si donde estoy trabando , hay algún desordenao , a portarse muy malcriao , pronto lo estoy castigando, ¡ huepa, huepa !.
El hombre que va a mi laooo, lo veo que se va quedando, será que ya está apurao, porque lo oigo pujando , ¡ hayyyy.!.
Algunos llevaban dos machetes o rulas, el veneficiado comenzaba después a devolver el jornal que cada uno había aportado, si el dueño iba a durar 8 días para limpiar su tierra, entonces, buscaba 8 hombres para hacerlo en un día.
Hoy no se trabajan las ocho horas ni se acostumbra la mano vuelta, en aquel tiempo habían sembradores de maiz muy rápidos,un bulto de maiz de 4 quintales ( 100 libras ), lo sembraban en cuatro días, imagínense cuántos huecos tenían que hacer para 4 granos cada uno, esa azaña solo la hacían 6 personas en la Isla, que por no recordar el nombre de dos, prefiero omitir los otros.
TIEMPO QUE NO VOLVERÁ.